Adiós Heraldo de Irapuato

Nunca trabajé en el El Heraldo aunque si tuve invitaciones para hacerlo. Sin embargo viví de cerca la historia contemporánea del periódico por grandes amigos que trabajaban ahí.

El Heraldo en mi vida es historia aparte. Crecí entre el olor a revelador de los cuartos de fotografía decorados con postres de mujeres guapas y el patio trasero de su oficina en la Calle Tres Guerras.

Luego en el edificio de Díaz Ordaz 666, hacía tareas en los escritorios con cristales llenos de fotografías mientras mi papá diagramaba alguna página del día siguiente y me perdía entre las rotativas junto a mis hermanos cuando nos tocaba ir de noche.

Fui testigo de la llegada de las primeras computadoras con unos monitores enormes amarillos y pantallas negras que operaban con el MS-DOS y fui advertida de no tocarlas, no prenderlas, no mirarlas, porque se iban a descomponer, casi casi con voltear a verlas.

Siendo una niña y sin saber aún a qué me iba a dedicar en la vida, me tocó reportear, ver artistas, ir a los partidos de beisbol y comer enchiladas afuera del parque de convivencia mientras esperábamos los resultados para luego acompañar a mi papá a hacer la nota para la edición del día siguiente.

Anduve en sus camionetas, recuerdo una pick up amarilla manejada por Jaime y por Ramón, recuerdo las fiestas del día del voceador con Vicente “El Tico”, me acuerdo del Señor Jesús Landín “El Tigre”, de Juan y Jorge Cervantes, de Juan Carlos y Toño Cisneros, del Señor Luis Alfonso Méndez, del Señor José Luis Chávez y de muchos periodistas más a quien, aunque algunos ya no estén, respeto profundamente porque justo en El Heraldo, se convirtieron en pilar del periodismo en Irapuato.

Ayer 10 de Enero de 2018 fue la última edición de El Heraldo de Irapuato y con él se va toda una historia que a su vez encierra cientos de historias personales de quienes estuvieron en esa redacción.

Con El Heraldo se va una etapa fundamental de los medios de comunicación de Irapuato y sin duda una etapa de mi niñez y de recuerdos junto a mi papá Arturo Luna. Los recuerdos que un periodista deja a su hijo: las coberturas nocturnas, los eventos con horas de espera, los encuentros con los funcionarios, la falta de tiempo, la redacción vuelta loca por conseguir la mejor nota antes de cerrar la edición, los fallecidos en accidentes y las llamadas a la Cruz Roja para obtener datos del hecho, el estrés porque las páginas no quedaban por las noticias de última hora, las caminadas… pero también el orgullo de portar la grabadora, la libreta y la pluma y la solidaridad como cuando estalló la huelga y todos se convirtieron en uno solo para defender sus derechos.

En fin, recuerdos de muchas cosas que siendo niño se viven a veces con enfado y muchas otras con gusto y adrenalina como si ya hubiese sido un adulto.

El cierre de El Heraldo de Irapuato duele, porque cuando cierra un medio también se pierde una posibilidad de darnos a la sociedad esa información que nos da elementos para tomar decisiones. Creo que a El Heraldo le pegó la revolución digital, las ediciones en línea y los nuevos formatos para llevar el periodismo a quienes buscan informarse. Renovarse o morir y El Heraldo de Irapuato murió.

Ayer cerró El Heraldo y con esta foto tomada del muro de Facebook de Karen García envío un abrazo a todos los que ayer perdieron no una plaza laboral sino prácticamente el lugar donde por años pasaron tiempo tal cual si fuera su segunda casa.

Un abrazo hasta el cielo a ti PAPÁ, que con tu paso por El Heraldo me enseñaste la tenacidad, la solidaridad, el esfuerzo constante, el gusto por este trabajo sin mirar el reloj o fecha en el calendario, lo que sí y lo que no se debe hacer. Gracias por desde ahí, enseñarme que hay batallas que se ganan y otras que se pierden y que cuando están perdidas no queda más que levantarse y seguir adelante sin mirar atrás.

¡Gracias Heraldo de Irapuato!

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