IRAPUATO, GTO.- El obispo de Irapuato, Enrique Díaz Díaz, lamentó el asesinato de una mujer que participaba como danzante durante las fiestas de Nuestra Señora de la Merced, en Valle de Santiago, así como los homicidios de cuatro policías registrados recientemente, uno municipal en Salamanca y tres elementos estatales en Comonfort, al señalar que estos hechos afectan la convivencia, la percepción de seguridad y la confianza de la sociedad.
Díaz Díaz recordó que estuvo durante el día en la celebración religiosa de Valle de Santiago y describió el ambiente que se vivía antes del ataque como una jornada de convivencia y cercanía entre la comunidad, mientras que posteriormente expresó su dolor al párroco y al padre “Beto”, encargado de la rectoría de La Merced, por lo ocurrido.
El obispo señaló que el homicidio ocurrido durante la celebración rompió con una tradición y con un espacio de convivencia para habitantes y visitantes, por lo que consideró que sus efectos van más allá del propio hecho violento.
“Esto afecta, afecta a la relación, afecta a la percepción de seguridad, afecta a la confianza que tenemos con otros”, afirmó.
Sobre la posibilidad de que el ataque representara una agresión directa contra la Iglesia, Díaz Díaz respondió que no.
“Me preguntaban si era ataque directo contra la iglesia, no lo siento yo así, sino es el ambiente en el que vivimos y que muchos de los momentos de convivencia, en muchos de los momentos de mucha gente, se aprovecha para hacer estas manifestaciones de violencia”, recalcó.
El obispo también se refirió a los policías asesinados recientemente en Guanajuato y expresó su pesar por estos hechos delictivos.
Díaz Díaz también recordó el caso de Karla, la estudiante irapuatense asesinada en Zapopan, cuyo caso fue mencionado durante la marcha juvenil, y señaló que los jóvenes han expresado su dolor y preocupación ante la inseguridad.
“Ojalá no bajáramos los brazos, ojalá siguiéramos luchando y ojalá no llegáramos al pesimismo de decir nada se puede hacer y que nos pase ya desapercibido estos acontecimientos”, manifestó.
Finalmente, el obispo hizo un llamado a mantener la participación social para enfrentar la violencia y construir condiciones de paz, al señalar que cada homicidio representa una pérdida para toda la comunidad.
“Cada vida, así sea una sola arrebatada, es un dolor para la comunidad y es, como dice la palabra de Dios, sangre que grita al cielo”.
“Ojalá que autoridades, familias, personas, sociedad, todos nos sigamos interesando en construir la paz”, concluyó.

